Mi pequeña-gran maleta

Ya no me queda nada, mañana a estas horas (y si no hay novedad) ya estaré con mi familia en España. Y las ganas que tengo son enormes, como ya os comenté las últimas semanas no han ido del todo bien las cosas, pero me quedo con todo lo positivo, que es mucho.

Recuerdo los días previos a venir, la maleta me traía por la calle de la amargura, ya que me faltaba espacio y me sobraban kilos por todos los lados. Ahora a la vuelta parece lo contrario. Desde que llegué me metí en la cabeza eso de “Rita, no compres, no ves que después no tienes sitio para llevarlo a España”, pero me equivocaba.

Yo no sé que le ha pasado aquí a mi ropa, pero os aseguro que está hecha trizas. De cuatro pantalones que me traje, vuelvo con uno, y tampoco es que esté muy bien, pero no voy a ir desnuda de cintura para abajo. Sudaderas, camisetas, zapatos… Muchísimas cosas he decidido dejarlas porque están llenas de agujeros (algún día encontraré la explicación) o desteñidas. Eso por un lado.

Por el otro, cosas como unas chanclas malas que me compré aquí, campú, pasta de dientes, gel… También se quedan, pero en este caso se lo dejo a aupairs que se quedan aquí el verano, mal nunca viene y si las quieren tirar mejor que sea porque no las necesitan que porque paso de meterlas en la maleta. Así que en ello ando, terminando de preparar la maleta, que va prácticamente vacía y con mucho menos peso del que vino. +

Volveré a escribir pero, esta vez desde mi casa 🙂

RCA

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